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Venid a destripar el Sisterhood #3 Miedos este viernes

Presentamos nuestro flamante tercer fanzine Sisterhood #3 Miedos (que ya se puede adquirir en preventa en Big Cartel, BTW) este viernes 20 de noviembre a las 19:30 en la librería Mujeres y Compañía. Lucía Morales e Isabel García Mellado, poetas y colaboradoras del zine, nos leerán sus poemas. Contaremos del colectivo, del proceso, del número; abriremos debate; llevaremos ejemplares recién salidos de imprenta y bolsicas. Venid que va a ser bonito.

sisterhood pres okEl número 3 del fanzine Sisterhood ha querido capturar diferentes formas de miedo: el que se induce como herramienta de control (de la calle, de los cuerpos, de las libertades, del otro/de la otra), el que caricaturiza a las identidades disidentes (las brujas, las vampiras, las viudas negras), el que nos despierta y nos pone en movimiento. Para ello han colaborado cerca de treinta autoras con ilustraciones, foto, poesía, ensayo, reportaje…

El resultado se presentará el próximo 20 de noviembre en la Librería Mujeres y Compañía, a las 19:30. Hablaremos del colectivo, del proyecto del fanzine y diseccionaremos el último ejemplar. Dos de las colaboradoras en el número, Lucía Morales e Isabel García Mellado, nos leerán sus poemas. Y luego, el viernes, nos vamos a celebrar la fiesta de tu podcast favorito con las Sangre Fucsia, yei! Y quién aguante, ¡a la Fiesta Furiosa después!

Más fiestas para bailar el miedo

La presentación del 20 N es solo el comienzo de las celebraciones de Sisterhood #3 Miedos. El 28 lo bailaremos con conciertos de Le Parody, Las Potras y las Odio, en la sala Maravillas. El 28 y 29 brindaremos en los aperitivos Bloody Sisty organizados en la Plaza de Otoño de Matadero. Noviembre nonstop.

El fanzine Sisterhood

El fanzine Sisterhood es una obra colaborativa, feminista y autoeditada. Cada número gira en torno a un tema, que sirve como punto de partida e inspiración para las autoras aunque no todos los contenidos lo siguen. Lo publicamos, más o menos, cada cuatro meses. Lo auto-distribuimos en librerías y tiendas de fanzines, en eventos propios y de amigas, y también a través nuestra web.

El fanzine Sisterhood #3 Miedos ya se puede adquirir en preventa en nuestra tienda online http://sisterhoodmadrid.bigcartel.com/

 

Kartas a Kim #9.2. Imagen e identidad. No dar nada.

Ágata Ahora. Parece que, sobre el escenario alternativo, en vez de derrumbarse los cánones y las presiones estéticas, se imponen otros. Se suman, se multiplican, se restan… oh, las capas de opresión. Seguimos hablando de la imagen y de la identidad en esta carta.  gordonpunk

“El rollo de las estrellas de rock siempre me ha parecido insincero –esterilizado y gestual, incluso ridículo-. Siempre me he sentido incómoda dándole a la gente lo que quieren o esperan de mí. En una ocasión Dan Graham, me describió la actitud de Lydia Lunch sobre el escenario, cómo se plantaba allí de pie y se negaba a moverse. <<¡Lydia Lunch es genial!>>, dijo Dan. <<Es tan fría… ¿te das cuenta de que no mueve el cuerpo ni un ápice? No le quiere dar nada al público>>. Aunque Lydia tenía una imagen pública mucho más aterradora de la que yo llegué a tener nunca, me podía sentir identificada con ella”.

Querida Kim,

No dar nada de ti misma me parece un rollo, ¿no? Entiendo que te hayas sentido “incómoda dándole a la gente lo que quieren o esperan” de ti, que como artista no quieras ser complaciente pero… a cambio, tu mensaje será otro, ¿no? No sé, me gustaría saber qué es lo que la gente quería y esperaba de ti, o qué es lo que tú creías que querían, y porqué eso te dejaba sin alternativas.

Según cuentas, por un lado estaba lo que la escena mainstream, de las grandes discográficas, la MTV, los managers y los intereses comerciales… El mercado. Ellos, como explicas en otros fragmentos del libro, querían que tu papel como música se limitara a ser “una chica”, en el sentido más normativo, y en el rol más ornamental. Pero por otro lado, identificabas otra presión desde la propia escena alternativa, como hablábamos en una carta anterior con Paula Yei Yei:

“Cuando Sonic Youth daba sus primeros pasos, hice un verdadero esfuerzo por tener un aspecto más punk, para eliminar cualquier elemento que pudiera recordar al aspecto y la feminidad de una chica de clase media del oeste de Los Ángeles”.

Desde la escena alternativa se pretende rechazar los cánones, las imposiciones… y a veces no se dinamita el sistema de poder, sino que simplemente se sistituye uno por otro. De esta manera, la feminidad de chica de clase media del oeste de Los Ángeles era rechazada en la escena punk, al igual que la identidad punk era rechazada en los barrios bien, porque no era lo que se esperaba de las mujeres (sujeto pasivo, sobre el que se depositan las miradas y se establecen los territorios). Una doble coacción que acaba siempre imponiendo una estética y una mirada (ya sea mainstream, ya sea alternativa) sobre el cuerpo de las mujeres.

Versión posh

Versión posh

Entonces, Kim, tú parece que después de intentarlo con la estética punk, al final te reafirmas en tu imagen de chica mona, pero fría y distante, sin asumir la complacencia. Como si eso fuera mucho más revolucionario porque de alguna manera lo era en tu entorno. Pero que como tu bien sabes, la feminidad hegemónica tiene implícitas muchas capas de opresión y porque sea tu elección ir con pintalabios y depilada, no se convierte en una decisión feminista. Este cómic de Everyday Feminism lo explica muy bien: las elecciones individuales están enmarcadas en una serie de circunstancias, opresiones y privilegios (no solo de género, también de clase, de raza, etc.) que es importante considerar para valorar su sentido político. Las acciones personales inciden en modelos, valores y referencias y se alimentan de las mismas. Lo personal es político, vamos. La depilación, por ejemplo, es un canon impuesto desde el patriarcado y el capitalismo occidental, y al aceptarlo lo perpetramos y lo normalizamos.

Pero oye, tampoco creo que haya que fustigarse: tomamos decisiones cediendo a las presiones del sistema, dealwithit. Yo creo que hay que escoger las luchas y aceptar cierta incoherencia. Pero reflexionando, viendo de dónde vienen las cosas, qué sentido tienen.

Y desde fuera, respetando. En ningún caso se debe aprobar o condenar la elección estética de nadie. Ella sabrá, ¿no? Si no, si todo el mundo se permite imponer su criterio sobre tu ser y estar (en el escenario y en la vida), pues entonces entiendo tu “no querer dar nada a nadie”, Kim. Entiendo esa posición como una huelga: hasta que no dejéis de exigirme que atienda vuestros cánones y valores, no os voy a dar NADA. Ni complacencia ni desobediencia, NADA.

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Kartas a Kim es un diálogo ficticio con Kim Gordon (Sonic Youth, Body/Head) a través del libro La chica del grupo (Editorial Contra, 2015). Con un té de ginseng en la mano, nos centramos en la relectura con perspectiva de género de sus experiencias en la música independiente desde los 80, y tratamos de responder preguntas como: ¿Qué significa para Kim Gordon ser la chica del grupo? ¿Cómo ha sido la experiencia de una de las grandes estrellas del rock alternativo de los 90? ¿Nos dice eso algo sobre el panorama general?

 

Así vamos a celebrar la publicación de Sisterhood #3 Miedos

Presentamos el número 3 del fanzine Sisterhood, dedicado a los miedos, en la Librería Mujeres y Compañía el 20 de noviembre, a las 19:30. En él Han colaborado cerca de 30 poetas, fotógrafas, escritoras, músicas, ilustradoras…. Además, lo celebraremos el 28 en la fiesta de presentación con conciertos de Le Parody, Las Potras y las Odio, en la sala Maravillas. El 28 y 29 brindaremos en los aperitivos Bloody Sisty organizados en la Plaza de Otoño de Matadero. Noviembre nonstop.

28_NOV_SISTERHOODEl número tres del fanzine Sisterhood se dedica a los ecos y las reverberaciones de los MIEDOS.

Miedo, opresión, condicionamiento VS. Repuesta, autodefensa, empoderamiento.

En torno a estas ideas han trabajado cerca de una treintena de autoras para dar forma al ejemplar más espeluznante del fanzine. El resultado se presentará el día 20 de noviembre en la Librería Mujeres y Compañía. Las celebraciones -paganas, akelárricas- se extenderán hasta el fin de semana siguiente con conciertos en acústico, en eléctrico, teatro, poesía y mucha sororidad.

El día 20, a las 19:30, verá la luz la esperpéntica criatura. Para ello, reuniremos a algunas de las escritoras, fotógrafas e ilustradoras que han participado en su creación en la Librería Mujeres y Cía. Allí presentaremos, debatiremos, diseccionaremos.

El 28 encendemos la hoguera. A partir de las 21:30 en la sala Maravillas se sucederán algunas de las propuestas musicales más aterradoras de todo el Estado. Desde Asturias y por primera vez en Madrid: Las Potras, mutación multiplicada (de 2 pasan a ser 4) de Chiquita y Chatarra; Después de haber sacado el que parece que sin duda será EL DISCO de 2015: Le Parody viene a deshacerlo; Y, para abrir la velada, una descarga eléctrica desde el subsuelo del infraandergraund: el estreno de Las Odio. Y todo por 6 euros (sin consumición) o 10 euros (con dos consumiciones), si compráis la entrada anticipada; o bien por 7 euros (sin consumición) u 11 euros (con dos consumiciones) en taquilla.

Además, el 28 y 29 de noviembre pondremos banda sonora a La Plaza en Otoño con un  aperitivo fanzinero, musical, teatral y poético. Habrá conciertos acústicos de Tucan Morgan, Caliza, Clara Collantes y Veins n Bones, una performance de A Esther Moya le robaron una medalla y El Hijo tonto, la poesía sintetizada de Mordaza y, para pasar el buen trago, bloody sisty para todxs. Allí presentamos nuestros temores y os preguntamos por los vuestros.

A todas estas actividades, claro, llevaremos el nuevo fanzine, Sisterhood #3 Miedos.

SISTERHOOD #3 MIEDOS

20 noviembre, 19:30h. Charla-coloquio-performance de presentación del fanzine en la Librería Mujeres y Compañía. Entrada gratuita, aforo limitado.

28 de noviembre, 21:30 h. Conciertos de presentación del fanzine en la Sala Maravillas. Las Potras (ex Chiquita y Chatarra) + Le Parody + Las Odio. 6 euros (sin consumición) y 10 euros (con dos consumiciones) anticipada en Entradium.7 euros (sin consumición) y 11 euros (con dos consumiciones) en taquilla.

28 y 29 de noviembre, 13:00. Aperitivo Bloody Sisty en la Plaza de Otoño de Matadero. Conciertos acústicos de Tucan Morgan, Caliza, Clara Collantes y Veins n Bones, performance de A Esther Moya le robaron una medalla, poesía sintetizada de Mordaza.

Le Parody

Le Parody

Más información:

Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/110808875950926/

Bloody Sisty en La Plaza en Otoño: http://www.mataderomadrid.org/ficha/4944/bloody-sisty–un-fanzine-un-concierto-una-performance-un-recital.html

Entrada anticipada. http://entradium.com/es/entradas/concierto-de-le-parody-las-potras-y-las-odio

Kartas a Kim #8.3 Autoexigencia/ Reafirmación. Ft. Marta Sancho (Genderlexx/ Balaclava/ Agnes)

Ágata Ahora. Retomamos el tema de la exigencia, en este caso en relación con el aspecto más técnico de la música. No sé vosotras, pero yo he oido muchas veces a instrumentistas minusvalorando su destreza o invisibilizándose, “no, que va, yo no toco bien”. Me pregunto, ¿está esto relacionado con la escasa cantidad de tías instrumentistas (virtuosas) en los grupos? Y, ¿con su casi completa ausencia en las listas de mejores guitarristas, baterías, bajistas…? La educación femenina en agradar y no hacer mucho ruido, el entorno, la falta de referentes… desde luego, no ayudan, pero: ¿también tiene algo que ver la exigencia con esto? En esta entrada Marta Sancho (Genderlexx, Balaclava, Agnes) me ayuda (y mucho) a analizar el tema, a partir de su experiencia como pianista y guitarrista de formación técnica y espíritu rocanrol.

“Nunca me he visto a mi misma como una cantante con buena voz, ni siquiera como una música. Soy capaz de salir al escenario porque me imagino que es como si fuera a saltar de un acantilado”– Kim Gordon, La chica del grupo (Editorial Contra, 2015).

En directo con Agnes. Foto: Aitana Guzmán. http://aitanaguzmanherederophoto.tumblr.com/

En directo con Agnes. Foto: Aitana Guzmán. http://aitanaguzmanherederophoto.tumblr.com/

 

“Animemos a cualquiera que tenga un poco de ilusión a aprender”

Querida Kim,

Menuda locura, ¿no? Quiero decir, si tú no te ves como una música… ¿quién lo va a ser? ¿Incluso las que SÍ LO SOIS seguís sin sentirlo? No puede ser. Veamos, preguntemos a otra guitarrista técnica y capaz: Marta Sancho. Marta lleva un montón de tiempo (y más teniendo en cuenta que tiene… ¿23 o 24 años?) formándose y dedicándose a la música, como pianista, como guitarrista, tocando con grupos, en sus propios proyectos… ¿También ella se escudriñará con ojos severos?

Kim, esta es Marta:

Marta Sancho toca la guitarra con movimientos líquidos, casi imperceptibles. El sonido llega en ondas acuosas, frío y disonante a veces, contundente y brutal en otras. Sobre el escenario mira distraída sus zapatos, mientras juega a perseguir las notas en el mástil, como sabiendo que puede hacer lo que quiera con ellas. Es una instrumentista versátil, como muestran sus diferentes proyectos: Agnes, Genderlexx y Balaclava. También toca el piano, que es su instrumento principal y en el que ha recibido formación clásica, y, la primera vez que nos conocimos me dijo que le gustaría ser cantante, así que en algún momento lo será. Marta es una música madura pero también una artista en potencia.

Marta, Kim. Pasamos a las preguntas.

P: Tú eres una gran guitarrista técnica, ¿cómo llegaste a serlo?
R: Ojalá fuera una gran guitarrista. Empecé a estudiar música a los siete años. Primero fue el piano, el lenguaje musical y la armonía, aunque lo que a mí me apetecía era la guitarra. A los catorce empecé guitarra moderna. Al principio era un sentimiento muy adolescente: quería una guitarra eléctrica y vivir las promesas de la vida de rock and roll star de las leyendas musicales que admiraba. Luego vino lo serio. Las escalas, las tensiones, acordes imposibles, resolver en la nota correcta, las improvisaciones, nuevos sonidos… Desde muy pequeña, cuando empecé con el piano, había convivido con la idea de que ser música era dominar una técnica, aprobar exámenes y tocar ante un tribunal… ¿Por qué iba a ser distinto con la guitarra? Esto me sigue pareciendo una forma horrible de acercarse a un instrumento.

P: Me lo parece a mí, ¿o es muy habitual oír a mujer músicas minusvalorando su trabajo (como hace Kim Gordon en la cita escogida, o acabas de hacer tú en tu respuesta anterior)?
R: Sí que es habitual. Estudiar música fue durante años pensar que siempre podría haberlo hecho mejor. Es ser demasiado consciente de los fallos y el camino que queda por recorrer. Nunca estaba satisfecha con el resultado de mis audiciones o conciertos. Creo que esto es más resultado de la educación musical reglada en Escuelas, Academias y Conservatorios, aunque es especialmente frecuente en las chicas, sobre todo en guitarristas. Si nadie te trata como una música de verdad ¿cómo vas a creértelo? Tenemos el doble trabajo de aprender a tocar lo mejor posible y deshacernos de toda la mierda que nos meten en la cabeza.

Marta tocando en el local de Agnes. Foto: Sara Navarro.

Marta tocando en el local de Agnes. Foto: Sara Navarro.

Los instrumentos siguen en manos masculinas. Ellos no tienen que justificar su presencia, están por pleno derecho. No los han educado en el miedo o el pudor, sino en el éxito.

P: ¿Tú como gestionas la autoexigencia, para no permitir que te paralice?
R: Todas sabemos que los estudios musicales no son un camino de rosas plagado de sonrisas y palabras alentadoras. Hay sufrimiento. Esto es negativo. No sé si es negativo en todos los casos o solo en mí por algún tipo de predisposición natural al estrés. Desde muy pequeña tuve que familiarizarme con la autoexigencia, una sombra que me ha acompañado desde que empecé con la música y que en ocasiones ha resultado nefasta. No es que me acompañe, es que nació cuando la música apareció en mi vida a los siete años. Los nervios, el miedo a fallar, a decepcionar… Son ideas que empezaron a tomar forma cuando empecé mis estudios musicales, especialmente los de instrumento. Sentía que no era a mí a quien tenía que demostrar nada, sino al resto. Hablando con otras estudiantes de música, éste es un temor generalizado. Conforme fui creciendo, me di cuenta de que ese miedo lo padecían todas las personas de mí alrededor, lo que nos diferenciaba es que yo fui consciente del fracaso antes que el resto de niñxs de mi entorno no musical.

P: ¿Qué implicaciones tiene esta anticipación del (hipotético) fracaso?
R: Para mí la presión externa a la que estamos sometidas como instrumentistas es una losa que no nos permite, a quienes no tenemos un talento excepcional, desinhibirnos a la hora de tocar. Como si la continua justificación fuera una estrategia anticipatoria, una especie de “eh, sé que me vais a mirar con mil ojos llenos de escepticismo, así que voy a adelantarme y a infravalorarme” .Una suerte de autodefensa muy mal entendida. Y ahí estamos otra vez: justificándonos todo el rato, como si las expectativas en torno a nuestra habilidad no pudieran ser altas ni ciertas.

P: ¿Qué peso tiene el entorno en esto?
R: Hay que arañar y derribar muchos muros hasta poder tener reconocimiento como instrumentista femenina. Para destacar no vale con saber tocar, hay que ser muy buena.

P: ¿Qué tipo de barreras has percibido en este sentido a lo largo de los años como música?
P: Al principio la falta de referentes, no poder compartir con otras chicas de mi edad mis inquietudes a la hora de tocar. Mi problema, más allá de hacer una ejecución mejor o peor, era que los chicos no entendían mis nervios por ser la chica, la única muchas veces. Le restaban toda la importancia que yo pudiera darle. Esos miedos no eran sus miedos.

Durante esos primeros años tuve que lidiar con mi gran amigo el paternalismo:

¡Tocas bien para ser una chica!

(Gracias, supongo. Gilipollas)

La falta de confianza en mis aptitudes como instrumentista por parte de la mirada masculina era otra constante. Como si pensaran: déjale la guitarra, que se entretenga un rato.

La cosificación. Colgarse una guitarra daba pie al halago fácil por parte de algunos chicos que sólo buscaban ligar.

Oye, te he visto tocar. Lo haces de puta madre. Y además eres guapa.

(Eso, sigue, en algún momento de la noche caeré).

A veces era como estar expuesta en un escaparate.

Con los años aprendes a ignorar a todas esas personas que no ven más allá y acabas pensando: eh ¡qué coño! ¡Sé tocar! ¡He mejorado!

Y sigues esforzándote, sabiendo que tu camino es más difícil y que vas a tener que crear tus propias estrategias de resistencia en un mundo musical donde todavía somos minoría.

Imagen: Sara Navarro. http://saranavarro.es/

Imagen: Sara Navarro. http://saranavarro.es/

P: ¿Siguen siendo pocas las tías que destacan en su labor técnica como instrumentistas?
R: Son muy pocas. No hay más que mirar las listas de mejores instrumentistas, o ver quiénes siguen ocupando mayoritariamente los escenarios de las salas de conciertos y auditorios. Vamos ganando terreno con el paso de los años, aunque subvertir las estadísticas es enfrentarse a un problema estructural de la sociedad y darse de bruces con la realidad todavía machista del mundo de la música. Van siendo también más las mujeres que se especializan en instrumentos tradicionalmente no femeninos (porque hasta para esto hay roles). Aún queda mucho por hacer pero, por lo menos, ya van siendo más las cabezas no masculinas que asoman.

La continua justificación es una estrategia anticipatoria, una especie de “eh, sé que me vais a mirar con mil ojos llenos de escepticismo, así que voy a adelantarme y a infravalorarme”

P: ¿A qué crees que se debe la situación?
R: Es un problema social estructural. Los instrumentos siguen en manos masculinas. Ellos no tienen que justificar su presencia, están por pleno derecho. No los han educado en el miedo o el pudor, sino en el éxito.

El camino titubeante, con paso miedoso, intentando convencer al resto que merecemos estar ahí dando conciertos y tocando es para nosotras. ¿Por qué no íbamos a merecerlo?

P: ¿Se te ocurren estrategias conjuntas para revertir esta situación?
R: Hacer piña, equipo, tocar juntas, visibilizarnos, ayudarnos. Compartamos lo mal que lo pasamos muchas veces ensayando, lidiando con otros instrumentistas. Hablemos de lo duro que puede ser hacerse hueco con tu instrumento entre los tíos. Hablemos de lo malo, pero también de lo bueno. Animemos a cualquiera que tenga un poco de ilusión a aprender, digámosle que puede hacerlo, lo bien que se pasa ensayando con más gente, en los conciertos, lo maravilloso y satisfactorio que es crear conjuntamente con amigas… Si conseguimos que este mensaje cale poco a poco, al final seremos muchas.

Hay que arañar y derribar muchos muros hasta poder tener reconocimiento como instrumentista femenina

P: ¿Qué consejo le darías a una tía que está empezando a tocar la guitarra?
R: Que no tiene que demostrar nada a nadie. Absolutamente nada. Que toca porque quiere y le gusta. Al principio puede parecer abrumador, pero con paciencia todo se puede. Es mucho esfuerzo aprender a tocar un instrumento, pero no hay que olvidar por qué empezamos y por qué seguimos ensayando: nos encanta tocar. Eso no nos lo puede quitar nadie.

Hay que estar preparada para muchos momentos tensos donde, a veces, la presión puede más (menudos lloros he echado yo antes, durante y después de los exámenes de instrumento). Pero sobre todo hay que recordar la ilusión con la que se coge por primera vez una guitarra.

También le aconsejaría que monte bandas con otras tías, que hagan ruido, que sean arrolladoras, que compartan, que aprenda de otras en su situación. En mi caso, lo individual de la forma en que aprendí a tocar, ensayando horas sola en mi casa fue devastador en algunos momentos. Nadie nos lo va a poner fácil, ayudémonos entre nosotras.

Kim-Gordon-Girl-In-A-Band-608x914Kartas a Kim es un diálogo ficticio con Kim Gordon (Sonic Youth, Body/Head) a través del libro La chica del grupo (Editorial Contra, 2015). Con un té de ginseng en la mano, nos centramos en la relectura con perspectiva de género de sus experiencias en la música independiente desde los 80, y tratamos de responder preguntas como: ¿Qué significa para Kim Gordon ser la chica del grupo? ¿Cómo ha sido la experiencia de una de las grandes estrellas del rock alternativo de los 90? ¿Nos dice eso algo sobre el panorama general?

Kartas a Kim #9.1. Imagen e identidad. Apropiación de la imagen. Ft Paula JJ (Dúo Divergente)

Ágata Ahora. En La chica del grupo Kim Gordon habla en numerosas ocasiones sobre su imagen; a veces desde un punto de vista crítico, sabiendo el peso excesivo que se le otorgaba desde fuera, y otras de forma más confesional o autoreflexiva, narrando como la percibía ella. Empezamos pues un bloque de cartas dedicadas a la imagen, a la estética, a los cánones… y a la manera de subvertirlos. Para ello rescatamos esta carta publicada en el fanzine Sisterhood #2 Belleza, protagonizada por Paula Yei Yei (en ese momento de Dúo Divergente, ahora de las aun cuasi-secretas Las Odio). Con ella nos preguntábamos: si la mujer música es considerada un objeto de contemplación, ¿es posible ir más allá de la primera subversión de la mirada hegemónica (negarlo: NO, no lo somos) y apropiarse de la imagen y convertirla en un mensaje artístico propio? Buscamos estrategias para hacer nuestros nuestro cuerpo y nuestra belleza sobre el escenario. Convertirlos en otro campo de batalla.

Paula Yei Yei. Imagen: La White Trash.

Paula Yei Yei. Imagen: La White Trash.

“La mirada hegemónica es tan limitada que existen infinitas maneras de transgredirla”

Querida Kim,

El asunto de la imagen me resulta delicado. Yo, como música, no he conseguido sentirme del todo tranquila al respecto, encontrar el equilibrio entre “me estoy arreglando demasiado” y “esta ropa no dice nada”; entre querer provocar y evitar distraer del mensaje meramente musical. Ahora, aquí en Sisterhood #2 Belleza, también veo peliagudo hablar de ello sin caer en la frivolidad. Como público es complicado no prestar demasiada atención a esto. Más, cuando la persona sobre un escenario es una mujer: es muy guapa; uh, qué falda más chula; me gusta la parte de arriba, pero creo que esos zapatos no pegan nada… Sin embargo, es posible abrir vías alternativas que conduzcan a otras cosas. Por ejemplo, integrar la imagen corporal en un discurso estético propio, sin que eso limite tu desarrollo como música. Una evidencia a nuestro favor es Paula Yei Yei.

Paula Yei Yei es la mitad del Dúo Divergente. Suyas son las letras delirantes (que lo mismo hablan de unas vacaciones erráticas en Tijuana como de la cultura postmoderna), las voces y los bailes. Hoy hablamos, sin embargo, de la componente estética: en su caso, una potente imagen mod, que refuerza el retrofuturismo del proyecto. Lo hacemos a partir de la siguiente cita de tu libro:

“Cuando Sonic Youth daba sus primeros pasos, hice un verdadero esfuerzo por tener un aspecto más punk, para eliminar cualquier elemento que pudiera recordar al aspecto y la feminidad de una chica de clase media del oeste de Los Ángeles. Al principio, cuando acababa de llegar a Nueva York, Phys Chatham siempre me decía <<¿Sabes qué, Kim? Siempre parecerás de clase media>>. Insinuaba que, para ser más punk, uno tenía que ser de algún modo más feo, como si el hecho de parecer un perdedor le dotara a uno de cierta autenticidad. Lo que Rhys quería decir, creo, es que yo era quien era” – Kim Gordon, La chica del grupo (Editorial Contra, 2015).

camerinopaulajjPregunta: ¿Cómo crees tú que podemos apropiarnos de nuestro aspecto y escapar de la mirada impuesta, como dice Kim, ser quién somos?

Respuesta: La mirada hegemónica es tan limitada que existen infinitas maneras de transgredirla. Para conseguirlo, puede ser muy útil desafiar de algún modo el canon estético establecido. En mi caso, disfruto llevando minifaldas, gogo boots, medias de rejilla… y luego voy sin depilar. Es una forma sencilla de crear un cortocircuito en las expectativas de la mirada más conservadora y convencional. Pero esta es mi forma, cada una debe encontrar la suya. Si es que le interesa, claro. Lo importante es ser tú misma.

P: Y desde el otro lado… ¿hasta que punto seguimos perpetrando el peso de la imagen como público?

R: A mi me pasa un poco al revés. Creo que las feministas nos forzamos a valorar menos los aspectos estéticos en las músicas, precisamente por intentar compensar la presión a la que estamos sometidas desde la mirada patriarcal. Entiendo los mecanismos que nos llevan a ello, pero me niego a dejar de valorar la estética de las artistas que me apasionan por hacerme responsable de los errores ajenos. Creo que la imagen y la sensualidad son dos componentes muy importantes en el rock, por eso no debemos negarlos, sino apropiarnos de ellos y manejarlos a nuestro antojo, como músicas y como espectadoras.

La imagen y la sensualidad son dos componentes muy importantes en el rock, por eso no debemos negarlos, sino apropiarnos de ellos y manejarlos a nuestro antojo

P: Sin embargo, en las dos primeras portadas de Dúo Divergente no salían vuestras caras, ¿por qué?

R: Quisimos huir del excesivo peso que tiene la imagen individual en la cultura del yo en la que estamos todos metidos, que en la música se acusa especialmente. Aún hoy nos incomoda un poco toda la parafernalia de las fotos preparadas, los videoclips y en general los paripés que tienen como finalidad promocionar la música. Admiramos el trabajo de mucha gente que se dedica a eso, pero es algo que nos sigue costando.

P: Y ya en el directo, ¿qué tipo de dilemas o reflexiones te han surgido al plantearte el arreglarte o no arreglarte?

R: Mi principal duda puede que suene tonta: a lo que más vueltas le doy es a los pelos. Como no me depilo las axilas, al elegir la ropa para cada concierto siempre me planteo si voy a querer que se vean o no. La decisión suele depender del contexto, del tipo de público que esperamos, del humor en que me encuentre… Creo que cada gesto tiene un significado, más si transgredes con lo que se espera de ti como mujer, por eso le doy tantas vueltas a nimiedades como esta. Quiero estar segura de que el mensaje que estoy mandando al público se corresponde con lo que considero positivo o acertado.

P: Y… ¿Qué conclusiones has sacado?

R: Que lo más importante es confiar siempre en el propio criterio y ser tu misma, sin miedo a defraudar a las miradas ajenas. Una vez que has reflexionado sobre la imagen que quieres proyectar en el escenario, cualquier decisión que tomes será acertada.

P: Y tú… ¿qué imagen quieres proyectar? ¿Cómo vives el peso que tiene?

R: Yo disfruto con la provocación, porque soy bastante exhibicionista. Pero más allá de esta condición particular, creo es un tema conflictivo para cualquier mujer que se suba al escenario; sobre todo si el resto de elementos del show quedan eclipsados por los juicios sobre tu físico. Esto es algo muy desagradable que con Dúo Divergente, por suerte, solo nos ha ocurrido en una ocasión, en la que acabamos tarifando con parte del público. Es importante dar respuesta a este tipo de conductas negativas, para evitar que se repitan y reproduzcan en el futuro.

No quiero adherirme al discurso postfeminista de “me empodero con tacones” pero arreglarme antes del concierto se parece mucho a un ritual, una forma más de darle importancia y peso al evento

P: ¿Qué valor le das dentro de tu propuesta en el directo?

R: Sentirme guapa y favorecida hace que me encuentre más segura sobre el escenario. Con esto no quiero adherirme al discurso postfeminista de “me empodero con tacones” que da todo el asco, ojo. Arreglarme antes del concierto se parece mucho a un ritual, una forma más de darle peso al evento, como cuando te preparas para ir a una fiesta. Luego está el tema de “vestir bien”, que para mí va mucho más allá de llevar ropa bonita. Eso lo puede hacer cualquiera con dinero, no tiene ningún mérito. Para vestir bien es necesario tener una ética del consumo, cambiar ropa con las amigas en vez de comprarlo todo, ir a las tiendas de barrio, a las de segunda mano, no gastar cantidades desorbitadas por una prenda de marca… además de una reflexión crítica sobre los parámetros de la moda que nos vienen impuestos cada temporada. A todo esto sí que le doy mucha importancia, arriba y abajo del escenario.

P: En general, el proyecto Dúo Divergente tiene una estética muy cuidada: ¿de qué manera?

R: Ya éramos así antes de tener el grupo, el estilo sesentero es la parte más visible de nuestra filosofía de Vida Total mod: “clean living under difficult circumstances”, que decían ya en los 60. Esto acaba contagiando también a la banda, las portadas…. Por otro lado, no creo que cuidemos la estética ni más ni menos que cualquier otra banda, solo que en la nuestra se nota más la mano. Esto se ve muy claro en el fragmento anterior de La chica del grupo: Kim se curraba mucho la construcción de su imagen punk para conseguir aparentar lo que quería. El estilo descuidado es una opción estética tan construida o espontánea como lo pueda ser el jevi, el mod o el punk, aunque muchas veces nos pase desaparcebido.

Kartas a Kim es un diálogo ficticio con Kim Gordon (Sonic Youth, Body/Head) a través del libro La chica del grupo (Editorial Contra, 2015). Nos preguntamos: ¿Qué significa para Kim Gordon ser la chica del grupo? ¿Cómo ha sido la vivencia de una de las grandes estrellas del rock alternativo de los 90? ¿Nos dice eso algo sobre el panorama general? Puedes leer más kartas en sisterhood.es.

Kartas a Kim #8.2 Autoexigencia y cuidados

Ágata Ahora. La autoexigencia está muy presente en la construcción de la feminidad hegemónica. Entre otras cosas, en relación con los cuidados: nos enseñan a estar siempre para los demás, con la mejor de las caras, y no es una elección, es un deber. La cultura de los cuidados tiene muchas implicaciones positivas y también al hacer y compartir música, sin duda, pero… ¿puede conllevar también ciertas barreras para disfrutar y confiar en una misma?

Kim Gordon shot at the Rookery EC1

“Las primeras veces que toqué en un escenario me sentía bastante cohibida. Simplemente intentaba ser competente con el bajo, con la esperanza de que no se me rompieran las cuerdas y de que el público tuviera una buena experiencia” Kim Gordon, La chica del grupo (Editorial Contra, 2015).

Querida Kim,

Entiendo que el escenario da miedo, y supongo que las primeras veces nos pasa a tod*s, pero… ¿Tú crees que el resto de tus compañeros de Sonic Youth, especialmente aquellos que no tuvieran experiencia previa en otros grupos, sentirían algo parecido? ¿Estaría preocupados porque el público tuviera una buena experiencia, o, en todo caso por estar dando ellos una buena imagen? Y, si fuera así: ¿se sentirían también bastante cohibidos por esa situación?

En la carta anterior hablábamos de la autoexigencia brutal a la que nos sometemos las (algunas) mujeres, que, seguramente venga en gran parte determinada por el miedo al ridículo (al final, ese no es nuestro espacio, y tenemos la mirada masculina sobre nosotras, examinando cada uno de nuestros pasos), pero creo que en este fragmento añades algo interesante: los cuidados. Me refiero al cuidado como don, solidaridad, reciprocidad… no como “servicios profesionales de cuidado”. Así será en toda la carta.

Sobre el escenario, te preocupabas de ser competente y de que el público tuviera una buena experiencia. No importaba tanto pasarlo bien, trascender, ni siquiera la admiración del público, sino que ellos estuvieran bien. ¿Quieres algo de beber, un té, unas pastas? A mi también me parece importante preocuparse por el público, valorar su opinión, incluso romper la separación audiencia-artista y construir entre tod*s una experiencia compartida, plural, en la que quepan sus expectativas, no solo las que tú traías de partida. Pero eso no debe llevar a cohibirte, no debe de significar ser o sentir menos, sino al contrario. Sin embargo, parece que a veces estas consideraciones pasan por encima de nosotras.

Entre los valores de la feminidad hegemónica se encuentran aquellos relacionados “con la debilidad, la pasividad, la delicadeza, y por propender el cuidado de los otros por encima del cuidado personal” (Garzón Segura, 2015). Los cuidados pueden ser estupendos (para mí, son parte de mi filosofía de vida y herramienta clave de mi activismo) pero… ¿por encima de todo lo demás? Y, sobre todo, ¿solo provenientes de un 50% de la población? Parece que sí: “El cuidar a otros aparece como un rol netamente femenino, salvo cuando se es médico y se decide sobre la salud ajena” (Garzón Segura).

Beatriz Gimeno escribió hace unos años un artículo muy interesante al respecto, “Cuidado con el cuidado”, en el que decía: “El término [cuidado] está tan unido al componente afectivo que la palabra siempre remite a algo “bueno” y así desaparece lo que de negativo pueda tener: sacrificio, desigualdad, carga, responsabilidad, etc.”

Huelga de cuidados

Huelga de cuidados

Un concierto, o cualquier otra manifestación artística, es un proceso comunicativo (que insisto, es interesante trabajar para que sea bidireccional, horizontal y abierto), pero también es una actividad social, de encuentro. Y, en general, cuando se dirige una actividad que involucra a más gente (un concierto, un cumpleaños, una cena en un casa, un viaje…) se mantiene una cierta atención para con los demás. Eso es estupendo, pero si esta asistencia al resto se convierte en preocupación, en responsabilidad social, debería ser compartida y no considerada un valor exclusivamente femenino. Ni en un grupo musical, ni en la vida. Porque si relegamos los cuidados solo a las mujeres, estamos separando roles y añadiendo cargas, como dice Gimeno: “por la vía de la afectividad a las mujeres se nos obliga a aceptar trabajos o situaciones que nos conducen o nos mantienen en la desigualdad. En esta cultura el mundo de la afectividad es femenino”.

Yo creo en una sociedad de solidaridad, reciprocidad… pero preservar esos valores no puede ser una responsabilidad exclusiva de las mujeres, sino una parte más del pacto social. Si queremos/ necesitamos los cuidados, ¡gestionémoslo entre tod*s! Todo Sonic Youth atento del público, pendiente de que lo pasemos bien, de que la experiencia sea satisfactoria. Desde luego, tampoco debe ser una losa encima del propio bienestar, del propio deseo, para nadie. No debe ser una herramienta para tenernos sumisas y cohibidas, sino una elección de quién decida asumirla. Afirma Gimeno: “Relativo al componente afectivo que necesariamente va implícito en el concepto de “cuidado” éste conlleva, casi de manera automática, un componente ético que no es obligatorio asumir o compartir. Cuidar puede ser mejor o peor, pero no es ni debe ser obligatorio, dependerá de las condiciones y circunstancias de cada persona; las mujeres tienen derecho a no cuidar si no quieren hacerlo y por cierto que eso no invalida su derecho a ser cuidadas cuando lo necesiten”.

Estas son las referencias que aparecen en el texto, por si te aparece leer más:

Anni Marcela Garzón Segura. Masculinidad y feminidad hegemónicas y sus consecuencias en la salud de hombres y mujeres. Al Sur de Todo, 2015.

Beatriz Gimeno, Cuidado con el cuidado. Beatrizgimeno.es, 2012.

 

Kim-Gordon-Girl-In-A-Band-608x914Kartas a Kim es un diálogo ficticio con Kim Gordon (Sonic Youth, Body/Head) a través del libro La chica del grupo (Editorial Contra, 2015). Con un té de ginseng en la mano, nos centramos en la relectura con perspectiva de género de sus experiencias en la música independiente desde los 80, y tratamos de reflexionar a partir de preguntas como: ¿Qué significa para Kim Gordon ser la chica del grupo? ¿Cómo ha sido la experiencia de una de las grandes estrellas del rock alternativo de los 90’s? ¿Nos dice eso algo sobre el panorama general?