Monthly Archive: March 2015

Kartas a Kim #3.1. Sí, este también es nuestro sitio. Ft: LE PARODY

Entrevista a Le Parody, multiistrumentista, cantante, agitadora, poeta, inmensa.

“Yo empecé a poner en práctica el maternalismo: revertir el proceso. Decirle a un técnico pesado: guapito, ¿me puedes mirar la ecu de los graves? es la ruedecita esa que pone low

le_parody-casalaÁgata Ahora. Hay algo en la música independiente que funciona como un club de chicos en la casa del árbol. Girls are not aloud. Es sutil -nunca es sencillo identificar las estructuras de poder- pero su eficiencia es evidente: solo hace falta calcular el porcentaje de mujeres en el cartel de cualquier festival, o en el público de un concierto cualquiera, o en unos locales de ensayo. Kim Gordon habla, con cierto misticismo e idealización, de las relaciones de los hombres sobre el escenario, y de cómo, sintiéndose fuera, quiso estar dentro. No entra a identificar las barreras que protegen ese vínculo masculino, ni mucho menos a proponer estrategias que puedan ser útiles para tratar de derruirlas, así que he decidido preguntar a otras amigas que igual sí quieren profundizar sobre el tema. Voy a ir invitándolas una a una a Kartas a Kim para reflexionar juntas sobre esto. Empezamos con <3 Sole de Le Parody <3

Querida Kim,

Antes de nada, las presentaciones. Kim, Sole; Sole, Kim.

SOLE // LE PARODY
Las canciones de Le Parody están hechas con retales de sonidos. Muchas de ellas transcurren en la cabeza de Sole, exquisita y exigente compositora, que las transforma en líneas de ukelele, melodías luminosas de voces y collares hechos de sámplers, pero también son las trompetas de Frank. Más allá de la experiencia del baile y el flotar al que induce Le Parody, la práctica comunicativa (músicas y blogs, fanzines, newsletters, proyecciones) de camino a la revolución es el esqueleto de este proyecto que nace en una plaza, en mayo de 2011 en Madrid. Tiene un disco –CÁSALA (2012)- que es un joya; y otro de camino –HONDO- que morimos por escuchar y del que adelantó una canción, Saetas en el Aire, esta semana. Además de la música, Sole ha participado en la organización del Ladyfest Madrid 2012 y aunque dice que ahora se mantiene en una segunda línea de fuego del activismo, es mentira. Sigue siempre creando, inspirando y combatiendo en los primeros puestos, desde el escenario.

Escúchala, léela: http://leparody.tumblr.com/

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Con ella he estado hablando a partir de un fragmento de tu libro, en el que hablas de los vínculos (visibles e invisibles) que observabas entre los hombres cuando hacían música y que, de alguna manera, te hacían sentir fuera. Pero también de cómo decidiste romper esa barrera y posicionarte en el dentro. Me refiero a este:

“Hombres tocando. A mi me encantaba la música. Fuera lo que fuese que sintieran los hombres cuando estaban juntos en el escenario, yo quería verlo de cerca, quería repasar a tinta ese algo invisible. (…) Viéndolo con perspectiva, ese es el motivo por el que entré en un grupo, para poder integrarme en esa dinámica masculina y poder mirar hacia fuera, en lugar de tener que mirar hacia dentro a través de una ventana cerrada”. Kim Gordon, La chica del grupo (Editorial Contra, 2015).

Entonces, Kim, si te parece, te trascribo la conversación que tuvimos (la verdad es que fue por correo electrónico) a partir de este fragmento, que estoy segura de que te va a gustar. Bueno, ahí va. Besis,

LA ENTREVISTA.

Los primeros conciertos que vi fueron de Laura Pausini y The Corrs. Y los recuerdo como momentos muy empoderantes de “yo quiero ser como ellas”

PREGUNTA: ¿Recuerdas alguna experiencia como observadora de chicos tocando, antes de empezar a tocar tú? ¿Qué pensabas entonces?
RESPUESTA: Es paradójico, pero de pequeña, crecer al margen de referentes musicales alternativos me hizo no notar la predominancia masculina en la música. Los primeros conciertos que vi fueron de Laura Pausini y The Corrs. Y los recuerdo como momentos muy empoderantes de “yo quiero ser como ellas”.

P: Y en los márgenes, en la música alternativa, ¿tu experiencia ha sido la misma?
R: Precisamente fue cuando empecé a ir a conciertos de punk y música alternativa que empecé a notar que no había chicas.

P: Sin embargo, por suerte muchas seguís escuchando y haciendo música. Pese a la falta de modelos femeninos, ¿vosotras os habéis sentido apeladas?
R: Diría que sí, claro, nos sentimos apeladas… a entrar en los cajones que han creado para nosotras: chica mona asexuada o zorra. Alguien tendría que ponerse a analizar el enfoque sexual de la música femenina, me parece una constante alucinante.

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Le Parody con una guitarra en la primera fiesta de Sisterhood (octubre de 2014). Imagen: Marta Limón.

P: Pero estas barreras no son siempre tan claras, a lo largo de tu carrera, ¿has identificado algún mecanismo concreto que deje fuera a las mujeres?
R: Más que un afuera y un adentro, yo lo que empiezo a observar es una gran segregación. Tiene su lógica. Intentas entrar en un ámbito que te dicen que no es el tuyo… hasta que te das cuenta de que puedes montártelo por tu cuenta y entonces dejas de intentarlo y creas tus propios espacios.

P: ¿Tenéis alguna experiencia propia en ese sentido (este no es tu sitio)?
R: Cuando empecé a tocar casi todas mis experiencias eran así. Paternalismo everywhere.

P: ¿Cómo crees que se puede revertir eso?
R: El proceso difícil es empoderarse, pero cuando por fin llegas, tras enormes dosis de frustración, ninguneo y acoso, cuando por fin tienes muy claro que algo te apasiona y sabes que lo sabes hacer, cuando tienes además una red muy sólida gente afín que te apoya, desmontar las situaciones patriarcales empieza a resultar bastante fácil y hasta divertido.

P: ¿Cómo lo hiciste tú?
R: Yo empecé a poner en práctica el maternalismo: revertir el proceso. Decirle a un técnico pesado: “guapito, ¿me puedes mirar la ecu de los graves? es la ruedecita esa que pone “low””.

P: ¿Se te ocurre alguna estrategia conjunta para fomentar que más y más mujeres se interesen por la música?
R: Creo que cada una sigue su propio proceso de empoderamiento. Yo personalmente no creo que haya que fomentar nada, creo que más bien hay que girar la lupa y ver por dónde andan las mujeres haciendo música. Porque ya lo estamos haciendo, lo que pasa es que muchas veces no nos interesan los circuitos creados por los hombres.

* Es importante tener en cuenta que las personas que participan en estas entrevistas son músicas en activo, son las que sí están ahí, por lo que, de alguna manera han conseguido traspasar las barreras invisibles de las que hablamos o, incluso, gracias a un entorno o educación privilegiada, no las han sufrido. Por tanto, no vamos a poder describir el fenómeno en su plenitud. Si tú tienes algo que añadir, por favor, háznoslo llegar a sisterhood.mad@gmail.com

Kim-Gordon-Girl-In-A-Band-608x914Kartas a Kim es un diálogo ficticio con Kim Gordon (Sonic Youth, Body/Head) a través del libro La chica del grupo (Editorial Contra, 2015). Con un té de ginseng en la mano, nos centramos en la relectura con perspectiva de género de sus experiencias en la música independiente desde los 80, y tratamos de responder preguntas como: ¿Qué significa para Kim Gordon ser la chica del grupo? ¿Cómo ha sido la experiencia de una de las grandes estrellas del rock alternativo de los 90? ¿Nos dice eso algo sobre el panorama general?

Flor de Calabaza #4

Dos de las cosas más fascinantes (al menos para Sandra y para mí) son el universo y el cerebro humano. La cosmología y la neurociencia se funden en este Flor de Calabaza que retumba en nuestras cabezas. Por Sandra Bueno.

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FLOR DE CALABAZA está llena de agua y de fósforo y también de calcio. Son amarillas y bonitas y no duran más de un día en la nevera. En teoría, la mayoría de las flores son comestibles, pero no todas tienen la suerte de estar ricas como la flor de calabaza. Estas piezas de poesía y collage en cartón llevan su nombre. FLOR DE CALABAZA es un conjunto ordenado de poemas-collage firmados por Sandra Bueno, una de nuestras sistahs queridísimas y colaboradora del fanzine Sisterhood.

Las Hijas Caníbales han hablado

Fiesta Sisterhood del 19 de marzo de 2015. Día Internacional de las Hijas Caníbales.

Abigail y la Cosa del Pantano, Bechamel & Guillotine y Dúo Divergente saciaron nuestro apetito musical en el Siroco Lounge de Madrid.

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Fotos de Eva Viera

—Hija, sonríe un poco, que siempre sales tan seria en las fotos. Así, mucho más

guapa. Pero… ¿qué es eso que tienes entre los dientes? ¿Sangre? ¿Un tendón?

Las hijas caníbales somos carne que come.

De nuestros bolos alimenticios sale la luz de mil bengalas.

Carne que piensa, que acciona, que da vueltas, no productos envueltos en

plástico para mirar o consumir o para regalar en los días señalados por el santoral.

Hoy es nuestro día. Nuestros aparatos digestivos están gritando ¿no los oís?

Gritan que tienen hambre, que tienen ganas.

Nuestras barrigas celebran estar vivas.

Y nosotras con ellas.

Kartas a Kim #2: Falsos privilegios

Ágata Ahora. Parece que, en algunas circunstancias, el hecho de ser la chica del grupo facilita determinadas cosas. Kim Gordon aceptaba su papel como elemento amable dentro del ruido y la disonancia de Sonic Youth. Según ella, el público tenía mejor predisposición ante el grupo porque, oh, la bajista llevaba vestido. Pero, ¿en qué sentido esto sigue siendo limitante?

 “Como nuestra música puede resultar rara y disonante, el hecho de que yo esté en el centro del escenario también hace que sea más fácil ganarse al público”. Kim Gordon, La chica del grupo (Editorial Contra, 2015). 1353961051-sy_koress-1985-chi-018m

Querida Kim,

Pues sí, hay algo en ser la chica del grupo que a veces levanta simpatías, siempre que respondas a las expectativas de tu público masculino y te ajustes al rol femenino. Puede provocar incluso que te presten más atención en los medios, que te programen en festivales específicos de mujeres, o en generales para cumplir cuotas (bueno, si esas cuotas existieran…), que te ayuden a cargar con tu amplificador… ¡viva, qué suerte!

Kim, en ese momento considerabas como una ventaja el carácter amable que, solo por el hecho de ser chica, se supone que añadías al grupo. Pero… ¿qué pasa si no quisieras ser ese elemento agradable y atractivo? ¿si quisieras ser cualquier otra cosa? Y… ¿si quisieras decidir por ti misma qué es lo que quieres transmitir? ¿te dejarían los chicos grandes? ¿o te darían un par de azotes antes de devolverte a tu sitio?

Yo creo que estar limitada al papel de “la chica” es pesado y aburrido. Como lo es recibir atención por ello, de forma abstracta, y hacer de ello tu característica principal (ya hablaremos del allgirls band como etiqueta musical). Por otro lado, sí, un primer paso es la visibilización de las mujeres dentro de la escena musical, y por eso reforzamos la presencia de identidades no hegemónicas y construimos espacios que subrayen el papel de la mujer en la música (como ladyfest o sisterhood). Pero, pese a que tengas pase VIP en estos lugares, NO, NO ES UN PRIVILEGIO ser tía cuando quieres hacer música. Desde luego no en mi experiencia, ni en la de nadie que conozca que haya reflexionado de manera crítica sobre el asunto. En la anterior carta ya empezamos a dar pistas de por qué muchas lo sentimos así.

fotogrupo.jpgSolo te hacen caso porque eres tía

Esta situación de falso privilegio, además, genera críticas y reticencias en muchos compañeros. Es la traslación de “ya, os quejáis, pero las chicas pasan gratis a la discoteca” a los escenarios alternativos. Barbijaputa reflexionaba sobre el tema hace unos días en eldiario.es, y su argumentación se traslada perfectamente al supuesto trato de favor que recibimos los grupos de mujeres en la música, al captar más atención por algunos medios y programadores de salas y festivales (ojo, hablamos de espacios que NO son libertarios ni buscan en la presencia femenina un mensaje feminista y un cambio, como las muchas basuras que se programan en torno al 8 de marzo, o a las mujeres vocalistas… es decir, la mayoría):

“Sí pagamos. Y el coste es más alto. El precio que pagamos es el ser usadas como reclamo por el empresario (y sin cobrarle por el servicio) para atraer a hombres que consumen en su local y que, en muchas ocasiones, quieren cobrarse dicha inversión sea como sea. Cualquier mujer que lea este artículo tendrá en la memoria toqueteos, besos forzados y baboseos varios que, para colmo, nos han hecho interpretar como halagos”.

La parte en cursiva puede cambiarse, en el caso de mi experiencia como música, por “comentarios de mierda de promotores; comportamientos inapropiados por parte de organizadores; comentarios abusivos desde el público” y un triste etc. Repito, no estoy hablando de tocar en ladyfest o festivales de este tipo, esa experiencia es hamor y feminismo y empoderamiento, estoy hablando de los falsos privilegios que se nos dan a las mujeres músicas en espacios normativos.

Además, sí que seremos pardillas, porque pese a todas las facilidades que tenemos, seguimos sin tener una presencia masiva. Más bien todo lo contrario (por ejemplo, como comentaban Bulbasaur en su perfil de Facebook, en 2014, la representación femenina en los festivales de electrónica españoles fue de 8,2%, la masculina de 85,7% y la mixta de 5,6%). Y, pese a la mayor y mejor consideración que recibimos las que sí estamos en la escena, se nos sigue sin tomar en serio, se nos sigue cosificando, infantilizando, reduciendo…

Yo tuve un grupo que estaba formado íntegramente por mujeres. El carácter no mixto de la banda era llamativo (oye, que quizás, lo primero que nos debería hacer saltar las alarmas es que lo siga siendo) y era una de los atributos que se solía destacar del proyecto. Recuerdo los comentarios que una de mis compañeras –excelente música- tenía que escuchar de la boca de su novio –también músico-: “Claro, a vosotras os hacen mucho más caso porque sois un grupo de chicas”; “Os invitan a tocar a festivales, no tenéis que buscaros vosotras los conciertos sino que os los montan, incluso os invitan a recopilatorios de chicas… no es justo”.

Ejem. ¿Justicia? Lo que les molesta a los que hacen este tipo de crítica –un leve toquecito a su situación de amos del lugar- es consecuencia de una situación de desequilibrio y falta de entendimiento. Lo que las feministas locas llamamos patriarcado. Igual, si eso, podemos hacer algo juntas para cambiarlo. Nosotras, desde luego, queremos tocar, queremos crear, y les devolvemos todos y cada uno de esos falsos privilegios, que no los necesitamos. ¿Cederán ellos los suyos?

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Kartas a Kim es un diálogo ficticio con Kim Gordon (Sonic Youth, Body/Head) a través del libro La chica del grupo (Editorial Contra, 2015). Con un té de ginseng en la mano, nos centramos en la relectura con perspectiva de género de sus experiencias en la música independiente desde los 80, y tratamos de responder preguntas como: ¿Qué significa para Kim Gordon ser la chica del grupo? ¿Cómo ha sido la experiencia de una de las grandes estrellas del rock alternativo de los 90? ¿Nos dice eso algo sobre el panorama general?

Venid y comed

 

Tenemos ya afilados nuestros cuchillos de desmembrar,
Las jarras para la sangre,
El hule sobre la mesa.

Ahora solo faltáis vosotr*s,
Vuestras ricas pantorrillas,
Vuestros muslos jugosos
Vuestro cuello tibio.

Un mordisco.
ÑAM.

Para celebrar entre hermanas,
Que somos libres, que somos
Hijas caníbales

DÍA INTERNACIONAL DE LAS HIJAS CANÍBALES

Conciertos:
Dúo Divergente,
Abigail y la Cosa del Pantano
Bechamel y Guillotin

Presentación Fanzine Sisterhood #1: Salvajes

Sala Siroco – Lounge

4 euros

Organiza: Sisterhood, La Resistencia Discos y Conciertos.

Flor de Calabaza #3

El tercer poema-collage de Flor de Calabaza es un estallido de rabia. Es golpear las paredes con fuerza, los truenos de la tormenta, y después, la calma. Por Sandra Bueno.

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FLOR DE CALABAZA está llena de agua y de fósforo y también de calcio. Son amarillas y bonitas y no duran más de un día en la nevera. En teoría, la mayoría de las flores son comestibles, pero no todas tienen la suerte de estar ricas como la flor de calabaza. Estas piezas de poesía y collage en cartón llevan su nombre. FLOR DE CALABAZA es un conjunto ordenado de poemas-collage firmados por Sandra Bueno, una de nuestras sistahs queridísimas y colaboradora del fanzine Sisterhood.

Kartas a Kim #1: La mujer creadora como objeto de contemplación/ El aspecto como mensaje artístico

Ágata Ahora. En la página 15 de La chica del grupo (Editorial Contra, 2015), la autobiografía de Kim Gordon, aparece una de las declaraciones más valiosas de todo el libro. En ella, la bajista de Sonic Youth describe, desde su propia experiencia, la mirada hegemónica que se establece sobre la mujer en la música: como la musa, el objeto de deseo o la que genera una admiración platónica. Esta concepción implica una apreciación muy limitada del mensaje artístico de la creadora, prácticamente reducida a su aspecto físico.

 “Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que, para las discográficas de altos vuelos, la música importa, pero el aspecto de la chica es determinante. La chica afianza el escenario, atrae la mirada masculina y, dependiendo de quien sea, devuelve su propia mirada al público” – Kim Gordon, La chica del grupo (Editorial Contra, 2015)

86-my-favoriteQuerida Kim:

¡ZAS! Más claro no lo puedes decir. Que lo determinante sea el aspecto de la chica establece la intención que tendrán el producto y su lanzamiento (que luego repetirán los medios de comunicación hasta el agotamiento): la mujer música es un objeto de contemplación y recreación, disfrutad, señores. Además, fija cierta predisposición en el receptor, que ya sabe bien qué es lo importante (o, ¿qué es antes, la discográfica que se debe a su público o el público que se educa en base a lo que recibe sistemáticamente?).

Esta sencilla idea se traduce en numerosos aspectos, como por ejemplo:

  • La apariencia de la chica está por encima del resto de sus cualidades como música, de su música, de su propuesta artística, de su mensaje político, emocional, estético…
  • Es posible que la discográfica dictamine e imponga este aspecto por encima del propio de la persona, pues es un factor clave en su apuesta de negocio y ellos saben de lo que hablan.
  • Es muy probable, por tanto, que solo se acepten y se reflejen algunos tipos de cuerpos e identidades que hagan que la discográfica (velando por su el público) se sienta tranquila: belleza hegemónica —delgadez, juventud, depilación…—, vestimenta adecuada —hipster, cuidada, marcas y consumo— actitud comedida, roles tradicionales…
  • El aspecto de la chica es la aportación principal que la chica puede hacer al producto artístico del grupo.
  • El look de la mujer se convierte en su mensaje artístico.
  • Por eso, también, los hombres del público consideran oportuno hacer comentarios al respecto: es el mensaje que ellos, como receptores, reciben de ese acto comunicativo. Y la comunicación efectiva es la bidireccional, ya se sabe. ¡Tía buena! ¡Guapa!
  • Los medios de comunicación prestarán especial (a veces exclusiva) atención al aspecto de las chicas. ¿Son guapas? ¿Son sexis? ¿Qué llevan puesto? Las claves para una buena reseña.

El aspecto de la chica atrae la mirada masculina

Para empezar, la única mirada que parecen tener en consideración las discográficas y en general el sistema musical es la de los hombres. Quienes saben, escuchan y disfrutan la música son un ejército de varones blancos heterosexuales. Entonces, se sobreentiende que, al subir al escenario, las mujeres entramos en un juego de atracción, simple y llanamente. Estamos ahí para ser contempladas. Para ser sujetos pasivos de la siempre presente mirada masculina. Para ser musas. Pordios, basta ya de llamar a las artistas y creadoras “musas”, como se hace de forma repetida con Cat Power. ¿A ti también te lo llamaban, Kim? Y ¿cómo te sentaba? Musa del indie. ¿Musa de quién?

MUSA MUSA MUSA MUSA MUSA MUSA MUSA MUSA

[OBS: cada hipervínculo lleva a un artículo diferente]

SonicYouth

El aspecto de la chica afianza el escenario

Querida Kim, ¿Sonic Youth, o al menos vuestra discográfica, os sentíais más segur*s al contar con una mujer en el grupo? ¿Porque da exotismo? ¿Porque distrae al público de las cagadas del resto de tus compañeros? ¿Porque añade algún mensaje artístico extra? ¿Es el aspecto físico una postura artística?

Yo creo que puede serlo, cada una decide cómo monta su espectáculo. Lo jodido es cuando es LO DETERMINANTE siempre.

A mí (sí, lo admito) me gusta la ropa, como a ti, Kim. Me gustarían incluso el maquillaje y los peinados si dominara sus técnicas y estuviera dispuesta a perder el tiempo que requieren. En concreto, en los conciertos me gusta escoger ropa especial, en parte porque el escenario lo permite —puedes ir disfrazada incluso de caballito pony y sería razonable— y en parte porque me gusta estar guapa. Mi concepto de guapa, claro, que no siempre tiene por qué coincidir con el de ninguna de las personas de la sala.

PERO. No, no es lo más determinante de mi propuesta como música. Dedico horas a construir las canciones: primero a probar y probar combinaciones de acordes y disonancias en casa; a construir melodías de voz sobre ellas; después a escribir letras que digan algo interesante o evocador y que encaje en las sílabas y los espacios; por último, a cribar para uno u otro proyecto. Si acaban de funcionar en el grupo, las completamos y las ensayamos hasta que tienen sentido en el local. Además, también invierto tiempo y esfuerzo en la interpretación: en ser mejor guitarrista, en ser mejor cantante, en seguir aprendiendo. Supongo que tú harás igual, Kim.

Para que el concierto sea posible, normalmente a esto hay que añadir una serie de dedicaciones añadidas: gestiones con la sala, comunicación del evento, transporte del equipo, prueba de sonido…  y para que sea exitoso, otras cuantas: concentración, ser capaz de ejecutar bien el repertorio, transmitir, pasarlo bien, disfrutar del momento, ser capaz de comunicarte bien con el público, con tus compañeras… Hay miles de factores más o menos controlables, directos e indirectos, que operan ANTES que la elección de la ropa, del maquillaje. Y son infinitamente más importantes.

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PJ Harvey, de la liga de mujeres empoderadas

… dependiendo de quien sea, devuelve su propia mirada al público

Solo si eres joven, estadounidense y blanquita, además de lo suficientemente atractiva para que en primer lugar te hayan dejado subir al escenario, igual, si ya estás empoderada, te han educado padres de clase media-alta, académicos o artistas, pues oye, podrás devolver tu propia mirada al público.

Creo que entiendo regular lo que dices aquí, Kim, no sé si usas la ironía, ¿hablas en boca de la discográfica o es tu opinión? En la segunda frase no sé si describes la situación desde tu punto de vista, explicando por qué a las discográficas les parece el aspecto de las chicas lo más importante, o si sigues desarrollando la opinión de las discográficas y usas la forma afirmativa con cierta ironía.

En cualquier caso, a mí no me vale “dependiendo de quien sea”. Como cuando preguntan a mujeres empoderadas y más o menos consagradas en el mundo de la música: “¿Crees que hay machismo en la escena?” y dicen “no, yo nunca he encontrado ninguna traba”. Ya. Por eso han podido llegar hasta ahí. Pero… ¿no ven algo raro a su alrededor? ¿Dónde están el resto de mujeres? Yo quiero que todas las mujeres (¡muchas!) puedan emitir su propio mensaje, construir su propuesta artística, y hacerlo llegar sin cortapisas a un público formado por miradas de todos los géneros y por encima de los mismos.

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Kartas a Kim es un diálogo ficticio con Kim Gordon (Sonic Youth, Body/Head) a través del libro La chica del grupo (Editorial Contra, 2015). Con un té de ginseng en la mano, nos centramos en la relectura con perspectiva de género de sus experiencias en la música independiente desde los 80, y tratamos de responder preguntas como: ¿Qué significa para Kim Gordon ser la chica del grupo? ¿Cómo ha sido la experiencia de una de las grandes estrellas del rock alternativo de los 90’s? ¿Nos dice eso algo sobre el panorama general?